Gaudí: el centenario de su muerte y la teología de la Sagrada Familia
«Gaudí no predica con palabras, sino que lo hace arquitectura, haciendo planos y volúmenes que te hacen pensar.»
El experto católico Jose Manuel Almuzara repasa la vida y obra de Antoni Gaudí, haciendo énfasis en su profunda fe y su visión providencial de la adversidad. Analiza los secretos arquitectónicos de la Sagrada Familia, desde la simbología de los sacramentos hasta la próxima inauguración de la Torre de Jesucristo y la Capilla de la Virgen.
Antoni Gaudí Cornet, cuyo nombre el ponente interpreta como ‘el que se enfrenta a la adversidad, disfruta y tiene el corazón limpio’, nació en 1852 y murió en Barcelona el 10 de junio de 1926. En el marco del centenario de su fallecimiento, que se cumplirá en 2026, existe una gran expectación por la posible visita del Papa Francisco. Gaudí enfrentó muchas adversidades, como la enfermedad y la pérdida de su madre y cuatro hermanos a los 27 años, lo que le permitió entender la providencia como una exigencia para superarse. Esta visión de la vida se refleja en su obra, cuya gran maestra fue siempre la naturaleza, observada y contemplada desde su niñez para descubrir sus leyes arquitectónicas.
La Sagrada Familia es el máximo exponente de su arquitectura teológica, organizada en torno a un claustro rectangular y una cruz latina central. La fachada del Nacimiento, orientada al Este, representa la alegría y el gozo, con tres puertas dedicadas a la Caridad (centro), la Fe y la Esperanza. En esta última se ubican esculturas como la de la burra Margarita y el soldado, en alusión a la huida de la Sagrada Familia para evitar la matanza de los inocentes. En contraposición, la fachada de la Pasión se orienta al Oeste y la fachada de la Gloria, aún pendiente, se ubicará al Sur, mirando al mar Mediterráneo.
«La adversidad es la providencia que te hace, pues, exigirte a más.»
La basílica presenta una profunda simbología en el diseño de sus accesos y naves. Mientras que el Nacimiento tiene tres puertas y tres naves, la parte inferior de la Gloria contará con siete puertas, representando los siete sacramentos, pero solo cinco naves. Esta desproporción subraya la importancia de los sacramentos de acceso a la Iglesia, como el Bautismo y la Confesión, que permiten la entrada al templo y a la vida de Dios. Además de la esperada Torre de Jesucristo, Gaudí proyectó una capilla dedicada a la Virgen María en la parte posterior, cuya inauguración también se prevé para 2026. Esta capilla, de diez por diez por treinta metros de altura, ofrece un camino de regreso a Dios a través de la mediación de la Madre, como una ‘puerta de atrás’ para los más tímidos.
La devoción mariana de Gaudí fue constante a lo largo de su vida, influenciada por su madre y su fe en la Virgen de la Misericordia de Reus, patrona de su ciudad natal. Esta devoción se manifestó en obras tempranas como el dibujo de la Pastoreta y en su trabajo en el Monasterio de Montserrat, donde diseñó el ábside y el camarín de la Virgen. En Montserrat, Gaudí reformuló el camino del Rosario, encargándose del Primer Misterio de Gloria (la Resurrección) que reemplazó al Quinto Misterio de Dolor (la Muerte en la Cruz) de Puig i Cadafalch. Este misterio de la Resurrección es dinámico y está diseñado para que el sol naciente incida en él el Domingo de Resurrección, simbolizando que Jesucristo es Camino, Verdad y Vida.
«Si yo no me atrevo a volver a Dios a través de esta monumentalidad, siempre cabe que a través de la Virgen, por la puerta de atrás que no te ve nadie, vuelves a Dios.»
El espíritu de Gaudí no solo se centró en la monumentalidad, sino también en el servicio a los demás y en la caridad, como demostró en el psiquiátrico de Sant Boi de Llobregat. Allí, diseñó un ‘jardín invisible’ donde los enfermos podían trabajar en un estanque que recordaba elementos del Park Güell, demostrando su amor por los enfermos y su devoción a la Virgen de Lourdes. Su filosofía social se resume en la idea de que todos poseemos dones, y su realización es la máxima perfección social. En lugar de criticar, debemos depurar y mejorar nuestras propias obras, un principio que el experto promueve en su labor para