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Gaudí: el genio, el santo y el hombre que enfrentó la adversidad con corazón limpio

3 de febrero de 2026 YouTube

«Para Gaudí, la importancia de lo pequeño es también grande, pues él decía que para hacer las cosas bien primero hay que amarlas y luego aplicar la técnica.»

— José Manuel Almuzara

José Manuel Almuzara analiza la vida, obra y espiritualidad de Antoni Gaudí, desde su infancia marcada por la enfermedad y la pérdida, hasta su consagración como el arquitecto más influyente de la fe. Descubra cómo la naturaleza, la adversidad y la Providencia moldearon el carácter de este genio.

El redactor de almuzara.org, José Manuel Almuzara, fue entrevistado por Venancio para conversar sobre la figura de Antoni Gaudí. El vínculo entre ambos nació hace dieciséis años en el Colegio de las Teresianas de Barcelona, una obra fundamental del arquitecto. Esta amistad se ha mantenido unida por el interés común en la vida, el pensamiento y la obra material y espiritual del Siervo de Dios. Almuzara comenzó revelando el profundo simbolismo detrás del nombre del arquitecto: Antonio, el que se enfrenta a la adversidad, y Cornet, el corazón limpio.

La infancia de Gaudí estuvo marcada por la enfermedad, padeciendo reumas que le impidieron asistir al colegio con normalidad. En lugar de ello, su madre lo llevaba en burro cerca de Reus, donde el joven Antoni descubrió la maravilla de la Creación. La naturaleza se convirtió en su gran maestra, y de ella extrajo las leyes que luego aplicaría en su arquitectura. Además, en el taller de calderería de sus padres y abuelos, aprendió a transformar láminas bidimensionales en objetos tridimensionales, priorizando el uso de maquetas en su trabajo futuro.

«Elías Rogent dijo al darle el título: no sé si estoy dando el título a un loco o a un genio. Yo ahora diría que es un genio y un santo posible.»

Tras estudiar en los Escolapios de Reus, Gaudí se trasladó a una efervescente Barcelona para estudiar arquitectura, aunque su expediente académico fue irregular. A pesar de los altibajos, se graduó a los 26 años, momento en que el director Elías Rogent dudó si le estaba dando el título a un loco o a un genio. Su carrera despegó en 1878 cuando su vitrina en la Exposición Universal de París atrajo la atención de Eusebio Güell. Güell, el gran mecenas de Gaudí, le encargó proyectos clave, como el Palacio Güell y el Parque Güell, y lo puso en contacto con la burguesía catalana.

La vida personal de Gaudí estuvo marcada por la adversidad y la pérdida, pues perdió a su madre y a sus cuatro hermanos en un corto periodo. Esta situación lo obligó a hacerse cargo de su padre y su sobrina, Rosita, templando su carácter y haciéndolo un hombre responsable. La fe se manifestó en toda su obra, incluso en proyectos civiles como la Casa Batlló, que incorpora una cruz con cuatro brazos orientados a los puntos cardinales. Asimismo, en el Colegio de las Teresianas, estudió las Siete Moradas de Santa Teresa de Jesús para facilitar la vocación de las monjas a través de la arquitectura.

«Para Gaudí, la arquitectura no solamente es lo funcional y lo estético, sino que es también un sistema de signos, un sistema de símbolos que tiene un mensaje.»

Manteniendo siempre el sentido de que lo pequeño es grande, Gaudí dejó un legado de siete edificios Patrimonio de la Humanidad, siendo hoy considerado un genio y un posible santo cuya obra facilita el encuentro con lo divino.