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José Manuel Almuzara: la obra de Antoni Gaudí es un puente entre la materia y lo sagrado

23 de enero de 2026 YouTube

«Si descubres lo esencial en Gaudí, te lleva a Dios.»

— José Manuel Almuzara

El arquitecto y promotor de la causa de beatificación de Gaudí, José Manuel Almuzara, explica cómo la obra del genio catalán trasciende la técnica para convertirse en un camino espiritual. Revela historias de conversión y la profunda fe que impulsó la creación de la Sagrada Familia y otras obras maestras. Almuzara enfatiza que el arte de Gaudí es un lenguaje invisible que sigue vivo en cada curva y símbolo.

José Manuel Almuzara Pérez, arquitecto y profundo estudioso de Antoni Gaudí, fue el invitado de honor en el programa “Ver más allá”, donde abordó la dimensión espiritual del maestro. Almuzara define a Gaudí no solo como un genio, sino también como un santo, cuyo trabajo fue un puente que unió la materia con lo sagrado, la tierra con el cielo. Su fascinación nació hace 50 años al conocer a discípulos directos de Gaudí, lo que lo llevó a estudiar el simbolismo y el mensaje cristiano oculto en sus piedras. Él se considera un humilde instrumento al servicio de la Providencia, cuya misión es transmitir la vida y obra de un cristiano consecuente.

Gaudí se concebía a sí mismo como un mero instrumento en la Creación, estudiando la naturaleza como su gran maestra para extraer las leyes divinas. Puso sus dones al servicio de Dios, de sus clientes y de sus colaboradores, entendiendo que el trabajo debe ser fruto de la colaboración y basarse en el amor. Esta visión lo llevó a ser como un director de orquesta que sabía asignar tareas según los talentos de cada artesano, pues creía firmemente que no existe nadie inútil. Además, su vida espiritual se sostenía en prácticas religiosas diarias como la Misa, la comunión y el rezo del Rosario, que consideraba sus armas para ganar las batallas diarias.

«Soy simplemente un instrumento imperfecto en las manos de la Providencia, que se sirve de mí para transmitir la vida y obra de un cristiano consecuente y un arquitecto genial.»

Almuzara enfatiza que la obra de Gaudí no solo atrae e impacta, sino que también convierte, ejemplificando el poder del «hálito divino» que impregna su arquitectura. Explicó el profundo simbolismo de la Sagrada Familia, como las tres puertas de la fachada que representan las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, siendo esta última la central y más importante. Relató cómo un escultor japonés, budista, se convirtió al catolicismo en 1991 tras comprender el significado de las esculturas que realizaba para el templo. Incluso un importante funcionario del gobierno de Corea del Sur, tras ver la obra, declaró que se fue queriendo ser católico, impactado por su belleza trascendente.

Más allá de las grandes estructuras arquitectónicas, Gaudí demostró su corazón cristiano a través de actos de misericordia y servicio a los demás. Construyó escuelas para educar a los hijos de los trabajadores de la Sagrada Familia, buscando formar a los niños para que no siguieran el camino de la quema de iglesias. También diseñó un jardín para los enfermos de un hospital psiquiátrico, similar al Park Güell, para que pudieran ocupar su tiempo y encontrar paz. Esta constante «disminución del yo» y el pensar en los demás es el aspecto más profundo y, a menudo, menos comprendido del genio. Gaudí animaba a seguir luchando incluso en circunstancias desfavorables, confiando siempre en la Providencia.

«Gaudí no predica con palabras; su arquitectura, sus planos y sus volúmenes te llevan a Dios.»

El legado de Gaudí, según Almuzara, reside en su capacidad para crear puentes de belleza, paz y esperanza en un mundo necesitado de asombro. El arquitecto compartió la emotiva anécdota de un hombre que se definía como ateo y que, al entrar en la basílica de la Sagrada Familia, rompió a llorar, impactado por su belleza. Como afirmó el Papa Benedicto XVI, Gaudí no predicaba con palabras, sino que sus planos y volúmenes conducen directamente a la fe. Por ello, Almuzara continúa su misión llevando el mensaje de Gaudí a lugares inesperados, desde cárceles hasta zonas de desastre, demostrando que la belleza es la gran necesidad del hombre.


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