Los últimos seis días de Antonio Gaudí: fe, sencillez y la cripta de la Sagrada Familia
««¡Dios mío, Dios mío!» fueron las últimas palabras de Antonio Gaudí, que falleció un 10 de junio de hace 94 años después de varios días de agonía tras ser atropellado por un tranvía.»
Un artículo de Joan Bassegoda Nonell para Alfa y Omega relata con precisión los momentos finales de Antoni Gaudí tras el accidente de tranvía en 1926.
Desde el atropello hasta su entierro en la cripta de la Sagrada Familia, se subraya la profunda fe y la conmovedora sencillez de su despedida, aspectos clave para su causa de beatificación.
El artículo «Los últimos seis días de Antonio Gaudí», originalmente de Joan Bassegoda Nonell, ofrece un relato detallado y emotivo de la agonía del Siervo de Dios tras ser atropellado por un tranvía el 7 de junio de 1926. El arquitecto, de 73 años, se dirigía a su habitual paseo entre la Sagrada Familia y el oratorio de San Felipe Neri cuando ocurrió el fatal suceso en la Gran Vía. El retraso en su identificación y la consiguiente atención médica adecuada en el Hospital de la Santa Cruz marcaron las primeras horas de su calvario, a pesar de la diligencia de un Guardia Civil para trasladarle.
A pesar de la conmoción cerebral y las múltiples fracturas, la profunda fe de Gaudí se mantuvo firme hasta el final, un aspecto crucial para la causa de su beatificación. Pudo recibir la sagrada Comunión de manos de mosén Gil Parés Vilasau el martes 8 de junio. Sus únicas palabras articuladas en su agonía, «¡Dios mío, Dios mío!», reflejan una profunda entrega y piedad, siendo un testimonio de vida cristiana. El día de su fallecimiento, el jueves 10 de junio, incluso respondió con un «Amén» a las plegarias de quienes le rodeaban, antes de expirar.
«De acuerdo con tales disposiciones se estableció que la ceremonia se realizara con gran sencillez.»
La noticia de su grave estado corrió rápidamente, atrayendo el interés de autoridades eclesiásticas y civiles, como el obispo monseñor José Miralles Sbert, quien lo visitó en el hospital. El testamento de Gaudí, dado a conocer por sus albaceas, estipuló una ceremonia de entierro marcada por la máxima sencillez, coherente con su vida de humildad. El féretro debía ser de roble simple, sin adornos ni herrajes, y no se admitirían coronas ni la participación de bandas de música.
La única insignia permitida en el entierro fue la bandera de la Asociación Espiritual de Devotos de San José, destacando su piedad y devoción mariana y josefina. El Cabildo de la Catedral de Barcelona se ofreció para que el cortejo atravesara la seo y se cantara un solemne responso, un gran honor. Finalmente, el Gobierno accedió a que sus restos fueran depositados en la cripta del Templo de la Sagrada Familia, el lugar que fue su hogar espiritual y profesional.
«Cuando en 1939 se realizó la identificación del cadáver, cuya tumba fue profanada en 1937, se pudo ver a través del cristal superior que el cuerpo de Gaudí estaba intacto.»
La ceremonia de entierro del sábado 12 de junio de 1926, que incluyó el paso por la catedral y el responso en el templo inacabado, se prolongó hasta las nueve de la noche. Desde aquel momento, centenares de miles de personas visitan este lugar para rezar y recordar al genio y Siervo de Dios. Este recuento histórico, que destaca la humildad y la fe inquebrantable de Antoni Gaudí, sirve como un poderoso testimonio para la causa de su beatificación, que sigue viva gracias a la labor de la Asociación Pro Beatificación de Antoni Gaudí.
📰 Artículo original: https://alfayomega.es/los-ultimos-seis-dias-de-antonio-gaudi…