Mirar donde mira Gaudí: la fe, el origen y el valor moral de su obra
«Somos todos instrumentos sumamente imperfectos de una Providencia que se sirve de nosotros para hacer cosas que nos sobrepasan.»
José Manuel Almuzara presenta la séptima edición de su libro, explorando la dimensión humana y la fe de Antoni Gaudí, a menudo ignorada por la crítica. A través de su colaboración con el escultor Etsuro Sotoo, el autor demuestra que la clave para entender la obra de Gaudí es «mirar donde mira él». La conferencia profundizó en el valor moral del genio catalán y el proceso de su beatificación.
El acto tuvo lugar en Barcelona, en el Colegio de Arquitectos, donde José Manuel Almuzara presentó su obra fundamental que analiza la espiritualidad de Antoni Gaudí. El arquitecto Salvador Tarragó abrió la conferencia, destacando que Gaudí, a diferencia de figuras como Le Corbusier o Aalto, es indisociable de Barcelona y Cataluña. Tarragó reflexionó sobre si Gaudí fue un epígono o un precursor, citando la admiración que Le Corbusier sentía por obras como La Pedrera. Esta jornada sirvió para poner el foco en la dimensión moral y religiosa del genio, más allá de sus innovaciones estructurales y formales.
El libro de Almuzara, que ya alcanza su séptima edición, se basa en hechos reales y en la profunda amistad con el escultor japonés Etsuro Sotoo, quien trabajó durante décadas en la Sagrada Familia. Sotoo, que inicialmente tenía una formación budista y sintoísta, se acercó a la fe católica a través de la simbología de Gaudí en el templo. La obra explora cómo Gaudí edificaba con las virtudes teologales, ejemplificando la fachada del Nacimiento con sus tres puertas dedicadas a la Fe, la Esperanza y la Caridad. Esta perspectiva espiritual fue esencial para que Sotoo comprendiera elementos iconográficos como el pelícano, símbolo de la Eucaristía.
«Ser original era volver al origen.»
La obra de Gaudí no solo es un prodigio arquitectónico, sino un testamento de su vida y devoción, plasmado incluso en los detalles menos visibles del templo. Por ejemplo, en las claves de los arcos, Gaudí inscribía el monograma JHS junto a las herramientas de los oficios, honrando a los artesanos cuya labor consideraba fundamental. Una de las frases más bellas que se le atribuyen es que el trabajo es fruto de la colaboración y debe basarse en el amor, demostrando su respeto por los operarios. Asimismo, la Sagrada Familia presenta inscripciones como «oración, sacrificio y limosna» en las columnas, proponiendo un camino de santidad para el pueblo.
El ponente subrayó la importancia de la causa de beatificación de Gaudí, que podría avanzar pronto con la declaración de Venerable por parte del Papa. Almuzara citó al arquitecto José Antonio Coderch, quien lamentaba que se admiraran las formas de los grandes maestros sin profundizar en su valor moral y posición ante la vida. Este enfoque moral es precisamente lo que Almuzara busca rescatar, entendiendo la arquitectura como una ventana para ver el mundo a través de la fe. La conversión de Etsuro Sotoo, inspirada por el amor maternal y la reflexión en un aeropuerto, sirve como testimonio vivo del poder evangelizador de la obra de Gaudí.
«No es extraño que se hable o se escriba sobre sus flaquezas como cosas curiosas o equívocas y se oculte como tema prohibido o anecdótico su posición ante la vida y ante su trabajo.»
La lección principal del estudio de Gaudí es la necesidad de «aprender a mirar para aprender a vivir», enfocándose en la fuente de su inspiración divina y natural. La visión de Gaudí sobre su trabajo y su vida, marcada por la adversidad y la fe, lo convierte en un modelo de santidad accesible. Su legado continúa inspirando movimientos culturales, como el reciente «Moviment Gaudí», que buscan aglutinar a la sociedad en torno a sus valores evangélicos. Su vida y obra demuestran que, incluso siendo imperfectos, podemos ser instrumentos de la Providencia para realizar obras que nos sobrepasan.