"Gaudí no es una figura casi espiritual, sino totalmente humana y espiritual al mismo tiempo. Vivía en unidad lo humano y lo divino"
La revista ESSENCEmag entrevistó a José Manuel Almuzara el 6 de junio de 2026, a cuatro días del centenario de la muerte de Antoni Gaudí y de la visita del papa León XIV a Barcelona. El arquitecto presenta su ensayo «Gaudí, el arquitecto del alma» y sostiene que en el genio catalán no cabe separar al hombre, al arquitecto y al cristiano.
La entrevista se publicó el 6 de junio de 2026 en ESSENCEmag, cuando el mundo se preparaba para el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el 10 de junio, y para la visita del papa León XIV a Barcelona. El motivo de la conversación fue la llegada a las librerías de «Gaudí, el arquitecto del alma», el nuevo libro de José Manuel Almuzara, un ensayo íntimo y reflexivo sobre la dimensión humana, ética y espiritual del arquitecto. Formado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona y presidente durante más de tres décadas de la Asociación para la Beatificación de Antoni Gaudí, Almuzara propone una mirada menos centrada en el mito y más en el hombre.
Preguntado por el momento en que Gaudí dejó de ser para él un arquitecto para convertirse en una figura casi espiritual, Almuzara corrige el planteamiento: «Gaudí no es una figura casi espiritual, sino totalmente humana y espiritual al mismo tiempo. Vivía en unidad lo humano y lo divino». Explica que ese descubrimiento llegó al comprender la unión entre arquitectura y simbolismo en toda su obra, civil y religiosa, y que esa profundidad nace de una vida ejemplar: amor al trabajo, a sus operarios, a la familia, a su país, a la naturaleza —que consideraba su maestra— y a sus prácticas religiosas. Para resumirlo recurre a unas palabras de Benedicto XVI, según las cuales Gaudí «superó la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia temporal y apertura a la vida eterna, entre la belleza de las cosas y Dios como Belleza».
"El trabajo es fruto de la colaboración y esa colaboración solo puede basarse en el amor"
El libro distingue tres dimensiones inseparables: el Gaudí hombre, con alegrías y sacrificios; el Gaudí arquitecto, pionero en aplicar las leyes de la naturaleza y precursor de la sostenibilidad; y el Gaudí cristiano, que puso sus dones al servicio de Dios y de los demás con humildad y caridad. Almuzara recuerda que el arquitecto se consideraba un instrumento con dones recibidos de Dios y que repetía que «las cosas provechosas no se hacen de cara a la retribución». De ahí su exigencia consigo mismo y el cuidado profundo, profesional y personal, de sus obreros, a los que conocía uno a uno. Es la lección que, dice, no aprendió en la universidad: «El trabajo es fruto de la colaboración y esa colaboración solo puede basarse en el amor».
Al señalar el momento más revelador de su visión del mundo, Almuzara no duda: la Sagrada Familia, obra que según Gaudí «la hace el pueblo y se refleja en él». Su fe y su conexión con la naturaleza le llevaron, al final de su vida, a refugiarse en el templo y a abandonar prácticamente toda obra civil, prueba de que arquitectura y fe eran para él inseparables. Si tuviera que resumirlo en una sola imagen, elige la piedra clave que cierra la bóveda de la cripta de la Sagrada Familia: símbolo del «sí» de María en la Anunciación y de la unión entre fe, arquitectura y salvación.
"Su arquitectura no solo se mira: también se vive"
Sobre la fascinación que Gaudí sigue despertando más de un siglo después, Almuzara la atribuye a un hombre adelantado a su tiempo —pionero en sostenibilidad y biomimética arquitectónica antes de que existieran esos conceptos— y a algo que no se explica solo racionalmente: una dimensión espiritual que conmueve incluso a personas alejadas de la fe. Muchas de ellas, afirma, han vivido una experiencia espiritual al contemplar sus obras: «Su arquitectura no solo se mira: también se vive». Lo esencial, insiste, sigue por descubrir: los «por qué» y los «para qué» de una obra que buscaba revelar algo trascendente. Ese es el mismo convencimiento que sostiene la causa de beatificación que Almuzara ha impulsado durante más de treinta años.
